miércoles, 12 de febrero de 2014

El becerro de oro de cada generación o época


Lectura de la Torá para Shabat, 15 de Adar Alef de 5774
Shabat, 15 de febrero de 2014

Parashat Ki Tisá
Shemot 30:11-34:35
Haftará: Reyes/18

(11) Y le dijo el Eterno a Moisés: (12) “Cuando cuentes el número de los hijos de Israel, cada uno ofrecerá al Eterno un rescate por su alma para que no sufran plaga por el empadronamiento. (13) Para ello, cada cual pagará medio siclo sagrado (Shekel HaKodesh) de 20 gueras el siclo, que será ofrenda al Eterno. (14) Todo el que fuera censado, o sea, de 20 años para arriba, daría tal ofrenda al Eterno. (15) Esta contribución para el Eterno será igual para el rico y para el pobre, para perdonar sus almas. (16) Tomarás los aportes por los rescates y los pondrás para sufragar el servicio del Tabernáculo, y será para los hijos de Israel como memoria al Eterno como expiación de sus almas".

(17) Y le dijo también el Eterno a Moisés: (18) “Harás un pilón de cobre bruñido para las abluciones con un pedestal también de cobre bruñido, pondrás el recipiente entre el Tabernáculo y el altar y echarás allí el agua. (19) Aarón y sus hijos se lavarán sus manos y sus pies en el pilón. (20) Lo harán al entrar en el tabernáculo para no morir al aproximarse al altar para el servicio del holocausto al Eterno. (21) Se lavarán manos y pies para no morir, y será ley eterna para ellos y sus descendientes”.

En esta parashat se señalan, entre otras cosas, las normas del empadronamiento o confección del censo de los hijos de Israel, a partir de los 20 años de edad, y sobre la obligación del tributo del medio siclo sagrado o shekel hakodesh, que incumbe a pobres y ricos. Una contribución en prenda de rescate para redimir los pecados cometidos, pero también para el sostenimiento del servicio del Tabernáculo. Igualmente, se refiere a las normas de pureza o de limpieza que debían regir antes de acceder al Tabernáculo por parte de Aarón y sus hijos, o sea de los kohanim. Una ley perpetua para todas las generaciones. Igualmente, describe la composición de la unción santa, que debía ser preparada por expertos perfumistas. Describe la composición del incienso aromático, que constaba de once especias y que se repite diariamente en los rezos de shajarit y minjá.
En esta porción se narra el desgraciado episodio del becerro de oro. Una vez acontecida la dramática Revelación en el Sinaí, el pueblo de Israel pronto se revirtió hacia la idolatría. Mientras Moisés estaba aún en la montaña, los israelitas se aprestaron a tallar un becerro de oro para adorarlo. La Torá nos muestra una visión de este acontecimiento bastante conmovedora.
Asimismo, nos cuenta la recepción de las dos tablas de la Ley, con los mandamientos y preceptos, dadas por D-s a Moshé, en el Monte Sinaí, que luego rompería al encontrarse que el pueblo se había corrompido a causa del becerro de oro. Pero el Eterno, le encarga a Moisés que haga para si unas nuevas tablas de la Ley. Se vuelve a recordar la promesa dada por D-s a los patriarcas Abraham. Yizthak y Yaakov, y se alude, particularmente, a la observancia del Shabat.
El Midrash incluye un detalle interesante a la historia. Señala que Jur, uno de los guías israelitas, trató de resistir a la muchedumbre. Se opuso a la construcción del becerro de oro y peleó con todas sus fuerzas para evitar tan terrible transgresión. Pero la turba era tan poderosa e incontrolable, que los israelitas no solo no escucharon a Jur, sino que virtualmente lo asesinaron.
Los israelitas que pecaron a causa del becerro de oro no quedaron sin castigo, pero el acto heroico de Jur no fue olvidado. Cuando llegó el momento de que D-s designara a alguien para diseñar el Mishkán (Tabernáculo), Él eligió a Betsalel, un nieto de Jur. La Torá nos recuerda que Betsalel era nieto de Jur, evocando el martirio de su abuelo.
En cada generación se ha tenido que lidiar o combatir la idolatría puesta de manifiesto en otros aspectos solapados como el poder, la ostantación, el orgullo desmedido, el dinero y las riquezas, que nos apartan de la esencia misma de las cosas que nos trascienden como personas. El becerro de oro de nuestro tiempo podría ser eso que comenté anteriormente, el uso y abuso de las tecnologías, incluso en ese paréntesis en el tiempo que es el Shabat o en Yom Tov, el descuido de las mitzvot o perder el tiempo en discusiones vanas y que no enseñan ni transmiten conocimiento o sabiduria.