jueves, 28 de agosto de 2014

"Sión será redimida con equidad"

Ethel Barylka

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Hace apenas unas semanas, leímos en Isaías 1:27 “Sión será redimida con equidad, y los de ella que vuelven, con justicia”. Y en Lamentaciones 2:9: “Sus puertas se han hundido en la mismísima tierra. Él ha destruido y hecho pedazos sus barras. El rey y los príncipes de ella están entre las naciones. No hay ley. Sus propios profetas, igualmente, no han hallado visión de parte del Eterno”. Viene este shabat la lectura de parashat Shoftim, y nos indica que no debemos desesperar ni desilusionarnos, sino que “justicia... la justicia debes seguir, para que te mantengas vivo y realmente tomes posesión de la tierra que el Eterno tu Di-os te da”. Deuteronomio 16:20. Cuando ya inició el mes de Elul, la lectura semanal determina los límites a la autoridad, a los jueces, policías, a Melajim y a profetas, y la lectura de los profetas, son parte del Consuelo que debe fortalecer a los judíos en el exilio y brindarle esperanza al corazón de los están en Israel.

Hay quienes ven en esta lectura un medio para despertar a las personas para que lleven a cabo su balance espiritual y se arrepientan para prepararse al día de juicio ya que cada uno en su territorio es como un rey, un juez y un sheriff. Así nos dice rabí Iojanán en nombre de rabí Iosi: “Más vale una sola reprimenda en el corazón de un hombre que muchos latigazos” (Berajot 7 a), significando que si una persona por si mismo se enmendara, ello es preferible a que otro lo corrija, ya que “en el espacio donde se encuentra una persona que se ha arrepentido, los sabios no llegan allí” (Talmud Sanedrín 99 a).

La expresión “eliminar lo que es malo de en medio de ti” se convierte en un leit motiv en la lectura semanal. Su objetivo parece ser lograr que una vez excluida la maldad, los demás vean y oigan y se corrijan. Por ello no pareciera ser lógico encubrir los delitos y las acciones negativas aduciendo el derecho individual a la privacidad. “Eliminar lo que es malo de en medio de ti” debe servir de fuerza de disuasión. Para ello, el valor de la denuncia pública es fundamental, y quien actúa indebidamente debe quedar en evidencia, sin que impor te su cargo, su función social, su estrato económico ni su pertenencia política. Cuando se lucha por una sociedad más justa, y se intenta erradicar la trata de mujeres, la comercialización de las drogas, la explotación a los trabajadores extranjeros, debe colocarse frente a la vista la orden “Debes establecer para ti jueces y oficiales dentro de todas tus puertas que .A. tu Di-os te va a dar según tus tribus, y tienen que juzgar al pueblo con juicio justo. No debes pervertir el juicio. No debes ser parcial ni aceptar soborno, porque el soborno ciega los ojos de los sabios y tuerce las palabras de los justos… y tienes que eliminar de en medio de ti lo que es malo”. Estamos obligados a quitar de nuestro medio, esos fenómenos que provocan la profanación del Nombre y poner en marcha todos los recursos legales a nuestro alcance para castigar a los culpables con todo el peso de la ley. No debemos temer ni avergonzarnos en la denuncia de los culpables y de sus encubridores, para que no debamos declarar después que “responder y decir: ‘nuestras manos no derramaron esta sangre, ni la vieron [derramar] nuestros ojos”, cuando en esta declaración estamos expresando públicamente que ese había sido nuestro deber. Después de todo, estos versículos del fin de la lectura semanal, nos dan a entender que los líderes no estaban libres de culpa aun cuando ellos no cometieron el crimen con sus propias manos, ni fueron testigos del derramamiento de la sangre inocente. Esa es la manera en la que podremos lograr se cumpla la profecía “Sión será redimida con equidad, y los de ella que vuelven, con justicia”.